- 28 abril, 2026
- By Lorena Polanìa Pérez
- Individual, Matrimonios, Parejas, Psicología, Sin categoría, Terapa de pareja
Sostener o soltar: el punto ciego en las relaciones de pareja
Crecimos con una idea profundamente instalada:
el amor se sostiene…
Se cuida, se lucha, se defiende.
Se atraviesan crisis, se hacen esfuerzos, se insiste, el amor todo lo puede…
Y sí, pero no… y vamos por partes.
Las relaciones sanas no son perfectas, son trabajadas y, como muchas veces lo he escrito, ninguna relación “exitosa” es producto de la suerte o la casualidad. Las relaciones sanas son producto de una construcción diaria y conjunta 💖
Requieren compromiso, conversación incómoda, regulación emocional, capacidad de reparación.
Requieren elegir al otro… a diario, incluso en momentos difíciles.
Pero hay un punto en esta narrativa que es importante cuestionar: ¡no todo lo que se puede sostener se debe sostener, o todo lo que se podría sostener ya no conviene sostener, o ya no se quiere sostener!
Y ahí es donde aparece uno de los mayores vacíos culturales en torno al amor: no nos enseñaron a soltar. Porque los finales que se validan son los atropellados, los que se cubren de infidelidad, maltratos físicos, psicológico, económicos o circunstancias muy traumáticas y dolorosas, porque ahí sí hay que soltar y separarse.
Y quiero hacer un paréntesis. El otro día estaba en una reunión donde se hablaba de la difícil situación que vivía una conocida. Era evidente: ella agua, su pareja aceite… y a veces entraban en ebullición y salpicaban todo a su alrededor.
Algunas personas opinaban sobre por qué alguien seguiría en una relación que, en apariencia y según su propia valoración, no debería continuar. Decían: “es que no hay por dónde… no sé si no se dan cuenta”.
Y sí, es natural que opinemos, que evaluemos, que intentemos entender. Pero también es cierto que cuando se ven los toros desde la barrera se perciben cosas que no se ven cuando estás adentro… aunque tampoco se siente el miedo, la adrenalina, lo retador, la culpa, las dudas o lo que sea de estar en el ruedo.
Porque una cosa es mirar… y otra muy distinta es estar ahí.
Amo profundamente mi trabajo. Valoro y agradezco a cada persona y pareja que, durante estos 22 años de ejercicio profesional, me han permitido acompañarlos en su camino para encontrar respuestas. Y desde ahí lo sé: nadie sabe realmente con la sed que otro bebe.
Nadie conoce los laberintos internos de cada universo.
Nadie alcanza a dimensionar su complejidad.
Porque aunque muchas historias coincidan en algunos ingredientes, cada relación tiene su propia preparación: es artesanal, única. No hay dos iguales. Cada historia, individual o compartida, es una biografía distinta.
Y cuando vemos personas que luchan, que intentan, que insisten, aunque para otros sea “evidente” que no deberían estar ahí, hay mucha más historia de la que se ve. Mucha más profundidad. Mucha más verdad.
Por eso, y justamente por eso, estoy escribiendo esto hoy:
¿cuándo soltar? ¿Y cuándo soltar no solo cuando todo es evidente o se valida por maltrato, infidelidad o incompatibilidad? Al contrario, ¿cuándo tener claridad respecto a soltar cuando la historia fue bonita, pero de igual manera hay que hacerlo?
No sé si has escuchado la canción de Shakira “Lo que más”, hay una parte que dice:
“hoy se me agotó la esperanza
porque con lo que nos queda de nosotros ya no alcanza.”
¿Cuánto le tomaría a ella, llegar a esa claridad?
Y en consulta lo escucho todo el tiempo: ¿cómo saber que ya no alcanza?
Y ahí respiro con calma y miro a mis pacientes con profunda empatía, porque, querid@s… es complejo. No son una ni dos variables. Y apelando a la hipérbole, que tanto me gusta, podríamos hablar de 855.399 variables que están en juego dentro de una relación.
Y sí… hay una que pesa muchísimo: ese mandato de “no rendirse”.
Un mandato que viene de muchos lugares: familiares, sociales, incluso románticos, y que instala una idea muy potente: que irse es fallar.
Y esa sola variable puede pesar tanto… que opaca a las otras 855.398 que, en silencio, muestran que tal vez lo más sano… es irse.
Y entonces, la pregunta no es solo cuándo soltar…
Tal vez la pregunta NO es una, y digo tal vez porque suena bonito escribiéndolo, porque ya le quiero quitar el “tal vez”. Lo justo es empezar a hacer muchas y distintas preguntas.
Pero no cualquier pregunta. Y el terapeuta allí ayuda mucho. Lo digo porque en los primeros estadios las preguntas aparecen desde el miedo y la duda… aclaro, es natural que sea así… ¿y si me estoy equivocando? ¿y si cambia? ¿Y si estoy exagerando? ¿Estoy siendo egoísta por pensar en mí? ¿Y si nunca vuelvo a sentir algo así? ¿y si…?
Pero debemos empezar a hacernos mejores preguntas.
Preguntas que no vienen desde el juicio de afuera, sino desde la honestidad de adentro.
Muchas veces no es tan evidente, y a veces duele mirar con claridad.
Pero es ahí donde empieza todo.
¿Estoy sosteniendo esta relación desde el amor… o desde el miedo?
¿Estoy aquí porque quiero estar… o porque no sé cómo irme?
¿Lo que vivo hoy es coherente con lo que necesito o, mejor aún, con lo que me conviene emocional y psicológicamente?
¿Estoy viendo al otro como es… o como me gustaría que fuera?
¿Esto que doy está siendo recibido, cuidado, correspondido?
¿Estamos construyendo juntos… o estoy sosteniendo sola@ el vínculo?
¿Quién estoy siendo en esta relación?
¿Me estoy perdiendo para que esto funcione?
Y hay una que, cuando aparece, suele ser muy reveladora:
Si nada cambiara… ¿me quedaría?
A veces no se trata de cuánto amas, sino de cuánto te cuesta seguir amando ahí.
Y entonces aparece una comprensión más profunda:
no todo lo que se sostiene… está funcionando para ti, y eso es clave. Puede funcionar para el otro… ¿pero para ti?
Veo personas que han sostenido más de lo que podían.
Que han intentado reparar una y otra vez.
Que han postergado sus necesidades en nombre del vínculo.
Y que, aun así, no logran que la relación funcione.
Entonces la pregunta no es menor:
¿hasta dónde sostener es un acto de amor… y desde cuándo empieza a ser un acto de desgaste?
Crisis vs. deterioro: una distinción clave
Si estás empezando una relación y estás leyendo esto, pues querid@, conflictos, diferencias, desafíos y crisis son lo que abundan. Y si llevas mucho tiempo en una relación, sabes de lo que hablo.
No todas las dificultades de pareja significan que la relación deba terminar, pero las crisis son inherentes a los vínculos. De hecho, las crisis son terreno fértil para muchas relaciones que crecen a partir de ellas.
Pero no toda crisis es igual.
Desde una mirada clínica, podemos diferenciar entre:
Crisis trabajables
Que son momentos de tensión donde, a pesar del conflicto, el vínculo conserva elementos fundamentales:
✅ Hay disposición de ambas partes para revisar lo que ocurre
✅ Existe posibilidad de diálogo (aunque sea imperfecto)
✅ Se reconocen errores y hay intención de reparar
✅ Se mantiene un mínimo de conexión emocional
✅ El conflicto no vulnera la dignidad ni la integridad del otro
En estos casos, la crisis puede ser una oportunidad de transformación.
El vínculo se tensiona… pero no se rompe en su base.
Vínculo deteriorado (no reparable en sus condiciones actuales)
Aquí no hablamos solo de dificultades, sino de un desgaste sostenido en el tiempo.
Algunos indicadores:
✅ No hay voluntad real de cambio por una o ambas partes
✅ La comunicación está rota o es constantemente agresiva/defensiva
✅ Las heridas se acumulan sin reparación
✅ Se ha perdido la intimidad emocional de forma prolongada
✅ Aparecen dinámicas de invalidación, desprecio o indiferencia
✅ Es claro para alguno que no hay amor
✅ Uno o ambos permanecen más por miedo que por elección
En estos casos, no es que la relación tenga problemas.
Es que ha perdido las condiciones necesarias para ser un espacio saludable.
Y sostener desde ahí no fortalece el vínculo.
Lo deteriora más.
El error de confundir insistencia con amor
Una de las confusiones más frecuentes es creer que mientras más se insiste, más se ama.
Pero el amor no se mide por la capacidad de aguantar. En el episodio 18 de la tercera temporada nuestra invitada lo explica muy bien.
Se mide, en gran parte, por la capacidad de cuidar.
Y eso incluye cuidarse a uno mismo dentro del vínculo.
Permanecer en una relación que duele de forma sostenida, que desgasta, que desconecta de uno mismo, no siempre es amor.
A veces es miedo, a veces es apego, a veces es dificultad para soltar una historia que fue importante.
Soltar también es una decisión relacional
Irse no siempre es abandonar.
Puede ser dejar de sostener algo que ya no se puede reparar en las condiciones actuales.
Y esto es importante, muy muy importante: soltar no niega lo que hubo.
No invalida el amor, ni los momentos compartidos, ni la historia construida.
Soltar reconoce un límite.
Un punto en el que el vínculo, tal como está, ya no permite crecimiento, bienestar ni conexión real.
Pero soltar es berracamente difícil. ¿Por qué es tan difícil soltar?
Porque soltar implica múltiples duelos al mismo tiempo:
🥹 El duelo por la persona
🥹 El duelo por la relación
🥹 El duelo por el proyecto que no fue
🥹 El duelo por la versión de uno mismo dentro de ese vínculo
Además, activa miedos profundos:
al vacío, a la soledad, al “empezar de nuevo”.
Por eso, muchas personas no se quedan porque quieran…
sino porque no saben cómo irse.
Una pregunta más útil que “¿debo quedarme?”
En lugar de preguntarte solo si debes seguir o no, puede ser más clínicamente útil preguntarte:
¿Este vínculo, en sus condiciones actuales, es un espacio donde puedo ser, crecer y estar bien?
No desde la expectativa de lo que podría ser, sino desde lo que efectivamente es hoy.
Porque muchas relaciones no se sostienen por lo que son,
sino por lo que alguna vez fueron… o por lo que podrían llegar a ser.
Y vivir en esa proyección también desgasta.
Aprender a amar… y también a soltar
Madurar emocionalmente en pareja no es solo aprender a sostener en los momentos difíciles.
Es también desarrollar la capacidad de reconocer cuándo ese sostener deja de ser sano.
Cuándo insistir deja de construir
y empieza a romper.
Y entender que, en algunos casos,
cerrar una relación no es fracasar…
Es elegir no seguir en un lugar donde el amor, tal como está, ya no alcanza.
No estás sol@ en esto. Reactiva tu red, trabaja en ti y, claro, busca ayuda profesional; eso siempre cae muy bien.
Y recuerda que, ya sea sostener o soltar, si es con el Co-Razón, te dará coherencia y conveniencia emocional y psicológica.
LORENA POLANÍA
Psicóloga Clínica – Fundadora
Terapeuta individual y de pareja
Egresada Master en Sexología
Coautora del Libro:
“Dos para Ser Felices”
Editorial Grijalbo.
Más Información:
lpolper@polperpsicologia.com
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