Erotismo: todo lo que ocurre antes de quitarse la ropa

¿Cuándo fue la última vez que pensaste en sexo? Probablemente no tengas que esforzarte mucho para responder. Ahora otra: ¿cuándo fue la última vez que pensaste en algo erótico? ¿Es la misma respuesta?

¿O sientes que hay una diferencia entre pensar en sexo y pensar en erotismo?

Antes de seguir leyendo

Cuando escuchas la palabra erotismo, ¿qué es lo primero que viene a tu mente? ¿Relaciones sexuales? ¿Lencería? ¿Juguetes? ¿Fantasías? ¿Seducción?

¿Cuándo te sentiste atractiv@, viv@, conectad@ con tu cuerpo? ¿Cuándo disfrutaste una caricia sin que tuviera que terminar en una relación sexual?

Y si tienes pareja: ¿cuándo fue la última vez que sentiste curiosidad por ella? No me refiero a saber con quién está, con quién habla o qué perfiles de Instagram sigue. Me refiero a cuándo la miraste con admiración, no solo por lo que hace, sino también por cómo se ve.

Este término puede ser muchas cosas, pero sobre todo es esa aproximación a una parte de ti que te conecta con la sorpresa, la aventura y el asombro.

Cuando hablamos de erotismo en consulta, no siempre las personas tienen claro a qué nos referimos. Encuentro con frecuencia que se reduce el erotismo a un encuentro sexual, como si apareciera mágicamente cuando se cierra la puerta del dormitorio. Pero desde la sexología sabemos que el erotismo es mucho más amplio: es una dimensión de la sexualidad que tiene que ver con la capacidad de imaginar, desear, jugar, conectar, anticipar y construir placer.

El erotismo no empieza en la cama ni cuando nos quitamos la ropa. Empieza en la mente.

¿Qué es realmente el erotismo?

Muchas personas piensan inmediatamente en posiciones sexuales, lencería, juguetes o fantasías. Y sí, todo eso puede hacer parte del erotismo, pero reducirlo únicamente a esas expresiones es quedarse con una pequeña parte de lo que realmente significa.

El erotismo no es una técnica. Es una forma de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás. Es la capacidad de experimentar curiosidad, placer, intimidad, imaginación, conexión… y también deseo. Nos permite mirar al otro no solo como el compañero de las cuentas, los hijos o las responsabilidades, sino como alguien a quien todavía podemos descubrir, admirar y elegir.

Por eso suelo decir que el órgano sexual más importante no está entre las piernas, sino en el cerebro. Es allí donde imaginamos, interpretamos, sentimos, recordamos y damos significado a nuestras experiencias. El cerebro es el lugar donde el erotismo cobra vida.

Erotismo y deseo no son lo mismo

Aunque están profundamente relacionados, conviene distinguirlos. El erotismo es un universo mucho más amplio: es la disposición interna para conectar con el placer, con la curiosidad, con la imaginación y con el encuentro. El deseo, en cambio, es una de las formas en que ese erotismo se expresa. Por eso, cuando hablamos de deseo, inevitablemente estamos hablando también del contexto erótico que lo hace posible.

Nuestro cerebro evalúa constantemente dos preguntas, aunque no seamos conscientes de ello: ¿me siento seguro? y ¿tengo espacio mental para disfrutar? Si la respuesta a cualquiera de las dos es “no”, el deseo empieza a disminuir.

Y aquí aparece algo que veo todos los días en consulta: muchas parejas llegan convencidas de que tienen un problema de deseo, cuando en realidad tienen un problema de estrés, resentimiento, desconexión emocional, exceso de responsabilidades o carga mental.

No es que hayan dejado de amarse. Porque recuerda: una cosa es el amor y otra es el sexo, así nos los hayan vendido en combo. Puedes amar profundamente a tu pareja y, aun así, sentir que el deseo ha disminuido.

En muchos casos, lo que ocurre es que el cerebro ya no encuentra las condiciones necesarias para activar el erotismo y, como consecuencia, el deseo también se ve afectado. Por eso me gusta compartir una idea que considero fundamental: el deseo necesita un contexto, y ese contexto lo construye el erotismo.

Los tres ingredientes del erotismo

SeguridadCuando falta, aparece el miedo.
LibertadCuando falta, aparece la obligación.
NovedadCuando falta, aparece la rutina.

Cualquiera de estas tres condiciones termina afectando el deseo. Por eso resulta tan difícil sentirse disponible para el erotismo cuando llevamos semanas acumulando discusiones sin resolver, vivimos bajo un estrés permanente o la relación se ha convertido únicamente en una lista de responsabilidades.

El erotismo necesita respirar: tiempo, presencia, autoconocimiento, sentir y —muy importante— imaginar. Cuando ese espacio existe, el deseo tiene muchas más posibilidades de aparecer.

El gran error: creer que el erotismo depende de la pareja

Uno de los errores más frecuentes que encuentro en terapia es pensar que el otro es el responsable de despertar nuestro deseo o nuestro erotismo. Y no: el erotismo nos pertenece a cada uno como individuos.

Esperamos que nuestra pareja nos seduzca, que nos sorprenda, que nos haga sentir atractivos, que mantenga viva la pasión. Pero muchas personas no saben algo fundamental: el primer vínculo erótico que tenemos en la vida no es con nuestra pareja, es con nosotros mismos.

Nadie puede sostener el erotismo de dos personas si ha perdido el contacto con el suyo.

El erotismo también se cultiva a solas

Esta es una parte de la sexualidad de la que se habla muy poco. Muchas personas creen que el erotismo aparece únicamente cuando tienen pareja, y no es así. El erotismo es una manera de habitar el cuerpo, de relacionarnos con el placer, de sentirnos vivos. Entonces, ¿cómo podemos fortalecer ese erotismo individual?

Reconciliarte con tu cuerpo

Hay personas que aplazan el placer mientras esperan adelgazar, verse más jóvenes o cambiar aquello que no les gusta de sí mismas. “Cuando baje de peso”, “cuando desaparezca esta celulitis”, “cuando mi cuerpo vuelva a ser el de antes”… Y, sin darse cuenta, ponen el erotismo en pausa.

Pero el erotismo no necesita un cuerpo perfecto; necesita un cuerpo habitado. Un cuerpo que se siente, que respira, que disfruta y que está presente.

Curiosamente, cuando nos obsesionamos con el gordito, las estrías o la celulitis, en realidad dejamos de mirarnos a nosotros mismos para empezar a mirarnos desde los ojos del otro. Ya no estamos pensando en nuestro placer, sino en cómo seremos evaluados durante el encuentro.

Hace poco escuchaba a dos hombres decir, en tono de humor, que durante un encuentro sexual difícilmente están concentrados en contar estrías o analizar la celulitis de su pareja. Están mucho más atentos a la conexión, al deseo, a la complicidad y al disfrute compartido. Esa conversación me recordó cuánto tiempo y energía invertimos preocupándonos por un juicio que, en la mayoría de los casos, existe más en nuestra mente que en la realidad.

Cuando la mente está ocupada vigilando el cuerpo, el placer pierde espacio. Es difícil entregarse al deseo mientras una parte de nosotros está escondiendo el abdomen, acomodando la ropa o preguntándose si el otro estará viendo aquello que tanto nos incomoda.

Reconciliarte con tu cuerpo no significa convencerte de que es perfecto. Significa dejar de vivir en guerra con él: un cuerpo que puedas mirar con amabilidad, tocar sin crítica permanente y habitar con tranquilidad.

Empieza por pequeños gestos cotidianos. Mírate unos minutos más frente al espejo, no para buscar defectos, sino para familiarizarte con tu propia imagen. Juega con tu cabello, descubre qué ropa te hace sentir atractivo o atractiva, disfruta la sensación del agua sobre tu piel, de una crema, de un perfume, del movimiento de tu cuerpo al caminar o bailar. La sensualidad no es una actuación para alguien más; es una forma de volver a sentirte vivo dentro de tu propio cuerpo.

El erotismo comienza el día en que dejas de tratar a tu cuerpo como un proyecto que necesita ser corregido y empiezas a habitarlo como el lugar desde donde experimentas el deseo, el placer y la conexión contigo mismo.

Recuperar la capacidad de disfrutar

Vivimos produciendo, corriendo, resolviendo problemas, siempre pensando en lo siguiente. Vivimos en una sociedad que nos ha enseñado a medir nuestro valor por lo que hacemos y por lo ocupados que estamos. El filósofo Byung-Chul Han, en La sociedad del cansancio, explica que hemos pasado de una sociedad de la obligación a una sociedad del rendimiento, donde sentimos que siempre deberíamos estar haciendo algo más.

Paradójicamente, esa búsqueda constante de rendimiento nos deja exhaustos. Y un cerebro agotado difícilmente tiene espacio para el erotismo, porque el erotismo necesita detenerse, habitar el presente, conectar con las sensaciones y permitirse disfrutar sin que todo tenga un objetivo o una utilidad.

¿Qué cosas disfrutas simplemente porque sí?

Ojo: no todo placer tiene que ser sexual. Puede ser bailar, escuchar música, leer, caminar, sentir el agua caliente mientras te bañas, ponerte un perfume que te haga sentir bien, tomarte un café o un té con calma, llamar a una amiga que está lejos, reunirte con otras a reír.

Cuanto más entrenamos nuestra capacidad para disfrutar, más disponible está nuestro cerebro para el erotismo.

Darle espacio a la imaginación

Las fantasías forman parte de una sexualidad saludable, y la imaginación es uno de los grandes motores del deseo. No significa querer hacer todo aquello que imaginamos: significa permitirle al cerebro jugar, explorar y crear.

Muchas veces el problema no es la falta de deseo. Es la falta de espacio para imaginar.

Conocer tu propio mapa erótico

En consulta suelo decir que es muy difícil comunicar aquello que uno ni siquiera conoce.

Tu mapa erótico

¿Qué despierta tu deseo? ¿Qué lo apaga? ¿Qué te genera curiosidad? ¿Qué te gusta ver? ¿Qué te gusta oler? ¿Qué te gusta sentir?

¿Cómo te gustan las caricias sobre tu piel? ¿Cómo te gusta acariciar? ¿Cómo te gustan los besos? ¿Qué palabras te encienden? ¿Te gusta más el silencio? ¿Hay alguna música que te erotice? ¿Qué texturas te estimulan?

¿Qué te produce rechazo? ¿Qué necesitas emocionalmente para sentirte disponible? ¿Te gusta la luz apagada o prendida? ¿Te gusta el riesgo?

Estas preguntas hacen parte del autoconocimiento sexual. El erotismo empieza precisamente ahí.

Seguir creciendo como persona

Hay una idea que me encanta de la psicoterapeuta Esther Perel: las personas dejan de ser atractivas cuando dejan de despertar curiosidad, cuando dejan de crecer. El deseo también necesita admiración.

Cuando trabajas en ti mismo y creces en las diferentes áreas que te componen, tu vida se vuelve estimulante primero para ti, pero sin lugar a dudas eso tampoco pasa desapercibido ante los demás. Cuando sigues aprendiendo, cuando tienes proyectos, cuando cultivas amistades, descubres nuevas versiones de ti mismo.

Y aunque no lo creas, todo eso también alimenta el erotismo: te vuelves protagonista de tu vida, te conoces y dejas de vivir para otros, para empezar a vivir por ti, disfrutando de la compañía de quien elijas y ofreciendo una compañía estimulante a quien te acompaña.

El erotismo también se construye entre dos

Una vez fortalecemos el vínculo con nosotros mismos, llega el segundo gran escenario, uno que puede ser completamente satisfactorio y estimulante: la pareja.

Y aquí también solemos cometer un error. Pensamos que para recuperar el deseo necesitamos tener más relaciones sexuales, pero muchas veces lo que necesitamos es reconstruir el contexto donde el deseo pueda volver a aparecer. ¿Cómo hacerlo?

Volver a admirarse

La admiración es profundamente erótica. Cuando dejamos de reconocer al otro, dejamos de verlo. Y necesitas ver: el placer tiene que ver con sentir, y el sentir tiene que ver con los sentidos. Suena obvio, pero no lo es tanto en la práctica. Las parejas dejan de mirarse, y así como los besos son fundamentales, las miradas son imprescindibles en una relación.

Haz un ejercicio sencillo: para las carreras del día, permítete mirar con atención a tu pareja y dile algo que admires de ella, algo que hayas visto y que genere esa conexión. No necesariamente sobre su físico, sino sobre quién es y sobre aquello que aporta a tu vida.

Recuperar el coqueteo

Coquetear es delicioso, y no hay que esperar a la noche: el erotismo se alimenta durante todo el día. Una mirada, un mensaje inesperado, una broma, una sonrisa cómplice, una frase que haga sentir al otro elegido. La anticipación nos permite sentirnos atractivos, y claro, todo esto también es cuestión de actitud.

Tocar sin exigir

No todo contacto tiene que terminar en un acto sexual. Muchas personas se vuelven evitativas ante el contacto porque sienten que, si lo permiten, tiene que terminar en un encuentro sexual. Y poco a poco desaparecen las caricias, los abrazos largos, tomarse de la mano, los masajes.

El cuerpo necesita volver a sentirse seguro: seguridad. Y el erotismo empieza precisamente cuando quitamos la presión de que todo tenga que terminar en sexo: libertad.

Hablar de sexualidad cuando no hay problemas

La mayoría de las parejas solo habla de sexo cuando algo anda mal, y eso convierte la conversación en un espacio de tensión. Intenta hacer preguntas distintas: ¿qué disfrutas?, ¿qué ha cambiado con los años?, ¿qué extrañas?, ¿qué te gustaría explorar?, ¿qué necesitas para sentirte más conectado conmigo?

La comunicación también es un acto erótico.

Diseñar espacios para el encuentro

La rutina deserotiza. Centrarnos solo en las obligaciones deserotiza. Creer que los encuentros sexuales serán siempre como en los primeros años deserotiza. Esperar que todo sea espontáneo deserotiza. Las expectativas por las nubes deserotizan.

El deseo no siempre aparece espontáneamente. Al inicio, sentir deseo no requiere esfuerzo; con el tiempo, por supuesto que requiere trabajo. La vida adulta está llena de trabajo, hijos, responsabilidades, pantallas y cansancio. Por eso muchas veces el erotismo también necesita intención.

Crear espacios, salir de la rutina, dormir mejor, reducir el estrés, tener conversaciones que no giren únicamente alrededor de las obligaciones. No se trata de programar el sexo: se trata de cuidar el terreno donde el deseo y el erotismo pueden crecer.

Las parejas exitosas sexualmente tienen sexo premeditado.Esther Perel

Aprender a expresar lo que necesitamos

Esto es fundamental en cada área de la relación, y en el sexo, el deseo, el placer y el erotismo ni se diga. Esperar que la pareja adivine lo que sentimos suele terminar en frustración.

El erotismo necesita comunicación: nunca desde el reclamo, siempre desde la vulnerabilidad. Pedir, contar, mostrar, explicar. La otra persona no puede responder a necesidades que desconoce.

Mantener una sana individualidad

Una pareja sana no significa dos personas fusionadas. El fuego necesita aire. Significa dos personas que siguen creciendo mientras eligen caminar juntas.

Cuando conservamos intereses propios, proyectos personales y espacios individuales, seguimos siendo alguien a quien el otro puede descubrir. Y el deseo necesita precisamente eso. En lo personal, además, nos hace sentir dueños de nuestra propia vida y de nuestro propio placer.

Si sientes que te has “deserotizado”

Quizá esta parte de ti quedó escondida debajo del estrés, de las cuentas, de la crianza, de las pantallas, del resentimiento, de la rutina. Puede ser que haya quedado olvidada porque durante años nos enseñaron que el erotismo era únicamente el momento de tener relaciones sexuales, o algo exclusivo para compartir con otro.

Hoy sabemos que no. El erotismo empieza mucho antes: cuando habitamos nuestro cuerpo con amabilidad, cuando recuperamos la capacidad de disfrutar, cuando seguimos creciendo como personas, cuando admiramos al otro, cuando nos sentimos seguros para expresar lo que necesitamos, cuando construimos una relación donde el deseo tiene espacio para respirar.

Habrá cambios, subidas y bajadas. Pero está en nuestras manos que el erotismo no desaparezca.

Porque el erotismo no es una técnica, no es una posición, no es una frecuencia sexual. Es una forma de relacionarnos con nosotros mismos y con la persona con quien decidimos compartirlo.

No dejes de imaginar, de sentir, de curiosear, de conectar y de desear.

Vive y mantente erótic@ desde el corazón.

LORENA POLANÍA

Psicóloga Clínica – Fundadora

Terapeuta individual y de pareja
Egresada Master en Sexología

Coautora del Libro:
“Dos para Ser Felices”
Editorial Grijalbo.

Más Información:

lpolper@polperpsicologia.com
Tel: +56 933 964 621

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