- 1 julio, 2026
- By Lorena Polanìa Pérez
- Familia, Individual, Lifestyle, Psicología, Sin categoría
El futbol el llanto y la salud mental masculina
Hoy les voy a hablar de fútbol, emociones y salud mental masculina… confíen, les aseguro que hay un hilo conductor.
Y voy a empezar por la parte más entretenida: el fútbol.
Cada cuatro años ocurre algo emocionante para muchos. Millones de personas y en especial hombres se abrazan con desconocidos, lloran frente a otros hombres, se toman de la mano, saltan juntos, gritan, celebran y se conmueven. Y nadie cuestiona su masculinidad.
Nadie les dice que son débiles. Nadie les pide que se controlen. Nadie les recuerda que “los hombres no lloran”.
Durante un mes, el fútbol parece concederles un permiso que la vida cotidiana les niega con frecuencia: el permiso de sentir.
Y tal vez por eso el fútbol es mucho más que un deporte. Quizás también sea uno de los pocos espacios donde muchos hombres pueden experimentar algo profundamente humano: sentir sin censura y pertenecer emocionalmente a una tribu.
Esto para mí tiene todo el sentido. He crecido y vivido rodeada de hombres a quienes les encanta el fútbol y he visto cómo ese espacio se convierte en un lugar para sentir, expresar y vivir emociones sin censura.
Y aprovechando que estamos en pleno Mundial y que junio es el mes de la concienciación sobre la salud mental masculina, me pareció que todo encajaba.
Hace unos días vi una publicación en Instagram que hablaba de cifras relacionadas con la salud mental masculina:
La publicación también mencionaba nombres como Robin Williams, Anthony Bourdain, Heath Ledger y Kurt Cobain. Hombres que el mundo entero admiraba, hombres con dinero, fama, talento y personas que los amaban.
Y aun así perdieron una de las batallas más silenciosas que puede enfrentar un ser humano.
Un informe de la Organización Mundial de la Salud de 2020 documentó que los hombres tienen menos probabilidades de buscar ayuda profesional para problemas de salud mental. Entre las barreras identificadas aparecen la autosuficiencia, la dificultad para expresar emociones y la creencia de que pedir ayuda es una señal de debilidad.
Pensé entonces en la cantidad de hombres que he conocido a lo largo de mi vida profesional: pacientes, amigos, familiares y colegas. Hombres inteligentes, trabajadores, amorosos y comprometidos, pero también hombres cansados, hombres que sienten que deben poder con todo y en silencio.
Hombres que llevan años sosteniendo responsabilidades sin saber muy bien cómo sostenerse a sí mismos o cómo pedir ayuda.
¿Qué hemos aprendido sobre lo que significa ser hombre?
Cuando pensamos en depresión solemos imaginar a una persona llorando, desmotivada o incapaz de levantarse de la cama. Sin embargo, el sufrimiento masculino muchas veces tiene otro rostro.
Puede verse como irritabilidad, exceso de trabajo, aislamiento, consumo excesivo de alcohol, explosiones de rabia o dificultades para conectar emocionalmente con quienes más aman.
Los hombres no nacen creyendo que deben ocultar lo que sienten. Lo aprenden cuando escuchan frases como: “Los hombres no lloran.” “Parece una nena.” “Sea fuerte.” “Los hombres aguantan.” “Resuelva.” “No se queje.”
Son mensajes que suelen transmitirse con buena intención, pero que terminan enseñando algo peligroso:
- Que algunas emociones son aceptables y otras no.
- Que mostrar tristeza puede interpretarse como una debilidad.
- Que pedir ayuda puede convertirse en motivo de vergüenza.
Y poco a poco muchos hombres empiezan a construir su identidad alrededor de una idea muy concreta: Valgo por lo que hago, valgo si proveo, valgo si resuelvo, valgo si sostengo, valgo si no necesito ayuda.
Desde la psicología sabemos que cuando el valor personal depende exclusivamente del desempeño, cualquier crisis puede sentirse devastadora: perder un empleo, fracasar en un proyecto, atravesar dificultades económicas, envejecer, divorciarse.
La pareja: la única persona que sabe lo que ocurre
Desde la psicología relacional existe otro fenómeno interesante. Las mujeres solemos construir redes de apoyo emocional más amplias. Hablamos con amigas, con hermanas, con madres, con compañeras de trabajo, buscamos apoyo en diferentes vínculos.
Los hombres, en cambio (obviamente no todos, pero sí un porcentaje importante) suelen concentrar gran parte de su intimidad emocional en una sola persona: su pareja.
La pareja se convierte en la amiga, la confidente, la consejera, la única persona que conoce sus miedos, la única que sabe cuándo están mal. Esto genera cercanía, pero también representa una alerta importante.
Cuando la relación entra en crisis o termina, algunos hombres no solo pierden una pareja. Pierden su principal red de apoyo emocional.
El verdadero desafío: construir una vida emocional más amplia
La salud mental masculina enfrenta muchos retos. No se trata únicamente de aprender a expresar emociones, también implica construir una vida emocional más amplia, una vida donde la pareja sea importante, pero no la única fuente de apoyo.
Amistades más profundas
Muchos hombres tienen amigos para hablar de trabajo o fútbol, pero pocos tienen amigos con quienes puedan decir: “No estoy bien.”
Nombrar lo que sienten
No basta con estar bien o estar mal. Frustración, vergüenza, soledad, ansiedad, miedo: ponerle nombre es el primer paso.
Pedir ayuda antes de tocar fondo
Buscar apoyo psicológico no debería ser el último recurso. Debería ser una herramienta de autocuidado y prevención.
Construir comunidad
La salud mental no se sostiene solo en el consultorio. También se construye en los vínculos, con los amigos, en los grupos deportivos.
Y en este punto quiero volver al fútbol y al Mundial.
Porque el fútbol ofrece dos cosas profundamente humanas: permiso para sentir y permiso para pertenecer. Quizás por eso genera tanta pasión: no se trata únicamente del deporte, se trata de comunidad, de identidad, de conexión, de sentir que hacemos parte de algo más grande que nosotros mismos.
Tal vez la pregunta no es por qué los hombres lloran viendo fútbol. Tal vez la pregunta es: ¿por qué les resulta tan difícil encontrar otros espacios donde también puedan hacerlo?
Una tarea pendiente para quienes somos padres
Soy mamá de dos adolescentes y cada día confirmo la importancia de enseñarles algo que muchas generaciones no aprendimos: a relacionarse de manera saludable con sus emociones.
No solo a través de lo que les decimos, sino de lo que ven en nosotros. Cómo manejamos la frustración, cómo hablamos de nuestros sentimientos, cómo pedimos ayuda, cómo tratamos nuestras propias vulnerabilidades.
Tal vez una de las mayores contribuciones que podemos hacer como padres sea criar hijos que no tengan que pasar años desaprendiendo que sentir es un problema. Que crezcan sabiendo que las emociones no son enemigas que hay que esconder, sino señales que vale la pena escuchar.
Una conversación que nos involucra a todos
Hablar de salud mental masculina no significa negar los desafíos que enfrentan las mujeres. Tampoco significa competir para determinar quién sufre más.
Significa reconocer que los hombres también cargan heridas, miedos, pérdidas, inseguridades y dolores que muchas veces aprendieron a esconder.
Los hombres no necesitan aprender a tener emociones. Las emociones ya están ahí. Lo que necesitan son más espacios donde puedan hablar de ellas, más amistades, más comunidad, más conversaciones honestas, más lugares donde puedan dejar de sostenerlo todo por un momento y permitirse ser simplemente humanos.
Si eres mujer y estás leyendo esto, recuerda que no estás llamada a cargar sola con el mundo emocional de tu pareja, pero sí puedes ayudar a crear un espacio donde él sienta que no tiene que esconder lo que le pasa. A veces, escuchar sin juzgar es una de las formas más profundas de amor.
Y si eres hombre y estás aquí, quiero recordarte algo: no tienes que demostrar tu valor cargando todo solo, callando y siendo “fuerte”. Pedir ayuda no te hace más débil, te hace más humano.
Y como siempre, mi invitación para tod@s es:
ÁMENSE Y CUÍDENSE CON EL CO-RAZÓN. 🫀🧠
LORENA POLANÍA
Psicóloga Clínica – Fundadora
Terapeuta individual y de pareja
Egresada Master en Sexología
Coautora del Libro:
“Dos para Ser Felices”
Editorial Grijalbo.
Más Información:
lpolper@polperpsicologia.com
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