La gestión de la verdad. Parte 1

Recibir la verdad sin romperse

¿A qué te suena esto? ¿Qué es la verdad? ¿Hasta dónde se es transparente con las parejas? (Sobre esto ya escribí hace un par de años, te dejo el link para que lo leas). La verdad desnuda: ¿es posible amar sin secretos?

La verdad, ese tan anhelado estado en el que las personas queremos vivir, está unida a valores como la honestidad, la integridad, autenticidad, responsabilidad, confianza, respeto, lealtad, empatía, valentía, entre otros y, claro, lo vinculo a un concepto que me encanta que es la ética relacional.

Hoy te escribo sobre la verdad, pero no sobre lo que significa decirla, sino más bien lo que significa recibirla…

Me explico, tod@s deseamos estar en relaciones auténticas y verdaderas que se enmarcan en unos NO negociables que nos protegen y protegen la relación. En los años que he acompañado a parejas está claro que las personas desean honestidad en la relación, se ofrece y se “invita” al otro casi como obligación a serlo… y es que, ¿quién quiere vivir una mentira? Sabemos que para construir confianza tenemos que ver y saber que la honestidad y la verdad deben estar presentes. Y las personas lo tienen claro y lo refuerzan con frases como:

  • “Lo importante es que me diga la verdad”.
  • “Prefiero una verdad dolorosa que una mentira bonita”.
  • “Sin confianza no hay relación”.

Hoy quiero reflexionar sobre qué tanto estamos preparados para recibir la verdad de nuestra pareja. La pedimos, pero ¿cómo la gestionamos cuando está frente a nosotros?

Hay un término que utilizamos algunas personas, los sincericidios. Si me has leído en otros artículos sabrás bien de qué hablo… pero te resumo a lo que se refiere: son esas verdades que no aportan y que, por el contrario, al decirlas traerán más dolor y resentimiento que construcción, conexión y confianza.

Pero este artículo no es sobre esto, es sobre cómo manejas la verdad cuando la tienes ahí, descarnada, incómoda y desaliñada… qué haces cuando el o la otr@ con una intención de construir, acercarse, establecer límites o simplemente ser fiel a eso que se pide desde el inicio, “honestidad”, te dice algo que es verdad pero duele profundamente.

¿Qué sucede cuando esa verdad llega?

¿Estás realmente preparad@ para recibirla, comprenderla y gestionarla sin que te rompa por dentro o sin romper al otro?

Y es ahí donde aparece lo que llamo la gestión de la verdad: ese proceso interno y relacional que ocurre cuando la honestidad se vuelve más que incómoda.

No se trata de la verdad como “dato”, sino como experiencia emocional.

Porque la verdad, cuando toca fibras profundas, no solo se escucha: se siente en el cuerpo con latidos más rápidos, presión en el pecho, vacío en el estómago; también te dirige a decir palabras hirientes, a ser sarcastic@, a callar, a preguntar, a reflexionar. La verdad confronta con quién eres, qué quieres y qué debes.

Cada vez que alguien nos dice una verdad difícil sobre lo que siente, sobre nosotros, sobre algo que se ha hecho o sobre la relación, se activa un espejo interno.

Ese espejo refleja partes de nuestra historia:

  • 🫀 heridas no resueltas,
  • 🫀 miedos a perder,
  • 🫀 inseguridades que creíamos superadas,
  • 🫀 y la necesidad de controlar lo que nos da miedo aceptar.

Por eso, pedir verdad sin estar emocionalmente disponible para recibirla puede generar más distancia que conexión. Ahora, no te estoy diciendo que pidas que te mientan… nadie quiere eso… yo no quiero eso.

La propuesta es pedir honestidad no desde el cliché o desde “eso es lo correcto”. Es pedir la verdad trabajando profundamente en nuestra gestión emocional.

Ahora hay que entender que no solo somos razón. Tenemos mecanismos internos, algo que nos protege de manera “instintiva” ante el dolor psicológico y, por supuesto, salen esas reacciones al sentirnos amenazados con falta de certezas. La mente busca protegernos, pero esa protección, muchas veces, nos desconecta.

A veces no rechazamos la verdad por falta de amor, sino porque no tenemos todavía la estructura emocional para sostenerla.

Y por todo lo que te he escrito quiero compartirte dos conceptos que, si los masticas, los entiendes y practicas, pueden ayudar en este mundo de decir y gestionar la verdad.

La ética relacional y la responsabilidad emocional

🧠 La ética relacional nos recuerda que entre el “YO” y el “TÚ” existe un espacio compartido, el vínculo, el NOSOTROS, que merece cuidado.

No se trata de decir “toda la verdad” sin filtro, ni de callarla para evitar el conflicto, sino de integrar verdad y sensibilidad.

En la ética relacional, la sinceridad no se usa como arma, sino como puente. Quien dice la verdad lo hace con empatía; quien la recibe lo hace con madurez.

La verdad, cuando se dice sin cuidado, puede herir. Pero cuando se recibe sin conciencia, puede destruir.

🫀 Y por el otro lado de la moneda está la responsabilidad emocional, que no es otra cosa más que reconocer que soy responsable de mis emociones y de cómo las gestiono ante la verdad del otro.

Y traigo entonces esa frase que suena molesta para muchos: “no es lo que te pasa, es lo que haces con lo que te pasa”. Aplicada a esta reflexión, no puedes evitar que algo te duela, pero sí puedes decidir qué hacer con ese dolor.

Ese momento que puede ser doloroso, incómodo y claramente desafiante es una gran invitación a construir una relación SANA, que no es viable si no ejercitas TU ADULTO, esa parte de ti que observa, procesa y responde desde la conciencia, no desde la herida.

Solo desde ahí puedes escuchar sin atacar, sentir sin dramatizar y pensar sin huir.

En la segunda parte te comparto cómo entrenar esa capacidad de gestionar la verdad sin dañar el vínculo y cómo convertir la incomodidad en crecimiento emocional.

Recuerda ama con el Co-Razón. 🫀🧠

LORENA POLANÍA

Psicóloga Clínica – Fundadora

Terapeuta individual y de pareja
Egresada Master en Sexología

Coautora del Libro:
“Dos para Ser Felices”
Editorial Grijalbo.

Más Información:

lpolper@polperpsicologia.com
Tel: +57 318 2257177

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